Lee el texto y contesta a las cuestiones que te propongo. Si quieres, puedes enviarnos tus respuestas y tus dudas.
Pobre de mí. Las fiestas de San Fermín, y con ellas los encierros (y,
desgraciadamente, los entierros) han terminado. Sólo queda un año, menos una semana,
para las próximas. Un chiste que circula por Internet, y que ayer trajo al blog
Luchino (va por ti), lo explica muy gráficamente:
- Mi novio lleva unos días sin cambiarse de ropa, sin ducharse, bebiendo
mucho vino, deambulando todo el día por la calle, sin afeitarse,
rodeado de basura…
- ¿Se ha convertido en un sin techo?
- No, se ha ido a los sanfermines.
Ahora, todos duchados y afeitados, con la tasa legal de alcohol en el cuerpo, y cada basura bien separada en los contenedores, dispuestos a defender a los animales contra quienes los maltratan y torturan, Pamplona vuelve a lucir su cara limpia, moderna y civilizada.
Yo los he visto por televisión y parecía que se lo pasaban en grande. Cada día iban dejando un rastro de 43 toneladas de basura que pacientemente iban retirando de parques, jardines y vías públicas los servicios municipales de limpieza. Porque parece ser que no hay nada más divertido que apartar unos botes de cerveza, bolsas de plástico, botellas de cristal y cartones de tetra brick para hacerse un hueco en el césped y echarse una plácida siesta, rendidos al sopor del verano, tomando aliento para la batalla festiva de la noche.
Y es que nos volvemos como niños. Ya nuestras madres nos regañaban, por guarros, al venir del parque, pura carne de lavadora. En la noche de San Juan, los juerguistas dejan también abandonadas en la playa varias toneladas de basura (la sandía es la reina), incluidos excrementos y vomitados.
El día en que descubran la gracia los amantes de la ópera no va a haber dios que limpie el Teatro Real.
"Público". Julio de 2009