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Los tiempos verbales: un uso incorrecto del condicional

Este texto que te propongo es parte de un crónica aparecida el lunes, día 5 de enero de 2004, en el diario ABC.

LOTINA ROMPERÍA LA NORMA DE HORACIO

Desde que tuvo que indemnizar a Castro Santos, el presidente del Celta sólo contrata por un año a sus técnicos. Nunca ha despedido a uno a mitad de la temporada. Cumplió su costumbre con Irureta y Víctor Fernández y hoy puede quebrarla con Lotina

MADRID. Con la parroquia de Balaídos tronando, el soniquete del «Vete ya» repicando en sus tímpanos y la estrepitosa derrota ante el Deportivo, Miguel Ángel Lotina aplicó el criterio japonés a sus peores horas como entrenador del Celta. Más trabajo para compensar el mal trago laboral. Después del 0-5, ayer por la tarde llamó a su segundo, Moncho Carnero, y juntos se fueron a presenciar el partido que el filial, el Celta B, disputaba frente al Orense (0-0). «El buzón de mensajes está lleno. Gracias por utilizar el servicio», anunciaba el teléfono móvil del entrenador vizcaíno.

Diez temporadas después de su llegada a la poltrona, el presidente Horacio Gómez conserva una costumbre que ha convertido en norma en el Celta. Los entrenadores sólo firman contratos de un año, se llamen como se llamen. Y aunque, como en el caso de Lotina, haya pasado a la historia de la entidad como el primer técnico que llevó al equipo a la Liga de Campeones.

Hace algunos años, Horacio Gómez comprobó que los proyectos en el fútbol duran lo que decretan los resultados. Confió en Fernando Castro Santos, un hombre de la tierra, e invirtió su querencia. Le fichó por dos campañas. El entrenador fue despedido al finalizar la primera (1997) y Horacio Gómez, industrial con éxito, tuvo que tirar de chequera para la pertinente indemnización. Desde entonces, tabla rasa. Todos, por un año. Irureta (98) y Víctor Fernández, que renovaba cada verano (de 1998 a 2002).

Las tribulaciones del presidente celtiña tienen su origen en la calamitosa temporada que arrastra el equipo, que desde ayer está en descenso por primera vez desde 1996. Horacio Gómez buscó calor familiar en Tomiño, una villa cercana a Vigo donde viven sus padres. Allí evaluó la caída de su equipo y el incierto porvenir, que puede desembocar hoy en el despido de Lotina.

Caras de funeral

Los consejeros del Celta y el propio Horacio Gómez salieron del vestuario del equipo el pasado sábado con cara de funeral. Los directivos gallegos tienen esa costumbre que irrita tanto a los técnicos, visitar la cocina después de los partidos. Lotina pidió perdón a los aficionados, mientras el nombre de Del Bosque sobrevolaba Balaídos.

Mientras los mandatarios decidían si aplicar la fórmula fácil -mejor echar a uno que a veinte- o mantener la confianza en el entrenador, el aficionado que el año pasado cantaba la «rianxeira» sigue sin explicarse cómo es posible un cambio tan brutal de un año a otro. El rutilante Celta que alcanzó la Champions fue el conjunto menos goleado en la Liga 02-03 (36 tantos). Hoy es el peor de la campaña (30).

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ANALICEMOS EL TEXTO

¿Qué ideas podemos localizar en el texto?

  1. El Celta se encuentra en una situación gravísima.
  2. No tiene nada que ver el Celta de este año con el del año anterior, cuando llegó a la "Champions".
  3. El presidente puede despedir a Lotina.

Ahora nos fijamos en el titular: Lotina rompería la norma de Horacio. Pero, en realidad, ¿qué quiere decir? La posibilidad del despido, la posibilidad de que se rompa la norma del presidente: cada año un entrenador, despedirlo al final de la temporada.

Lo que ocurre es que el periodista ha utilizado un tiempo de manera incorrecta. Es el llamado condicional de rumor, cuyo uso es correcto en francés, pero no en español.

He aquí algunas formas de titular el texto:

En estos tres titulares está presente la idea de posibilidad, de que algo pueda ocurrir.